martes, 1 de septiembre de 2015

La casa de Grace.

LA CASA DE GRACE



  Un espacio en pleno proceso de transformación.
En unos meses estará listo para ser compartido porque no es otra cosa que el mismo sitio donde -desde hace más de 20 años- compartimos los encuentros, las charlas, los momentos de angustia y de alegría. es el mismo lugar de siempre, de los Talleres dominicales, de los Cursos, de las reflexiones y el intento permanente de ya no tener que buscar lo que siempre ha estado con nosotros.
Muy pronto podrán asistir personas que vivan cerca ó un tanto alejadas; viniendo de diferentes ciudades; grupos de hasta 30 personas coordinadas; incluso tendrán la opción de alojamiento para 12 visitantes de fines de semana que participen de cualquiera de los encuentros pautados. Todo se realizará con la debida antelación de no menos de 30 días. Ya les iré contando más.
Por el momento: gracias a mis hijos y las amigas que se sumaron con algunos aportes de elementos para ir dando forma a esto que renacerá para antes de que finalice el año.
No hay un propósito de generar un espacio suntuoso sino cálido, cómodo y propicio para seguir compartiendo este peregrinar cotidiano.
Un abrazo,
Graciela González
Link del video: 






lunes, 24 de agosto de 2015

Despiertos.


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Destinados a Despertar:

Sólo se puede despertar luego de haber dormido así como sólo se puede nacer a esta vida una vez transcurrido el parto. La muerte sucede a la vida y la vida siempre vuelve a comenzar.
Se puede despertar de un sueño que se tiene durante la noche, también de la ignorancia por no saber acerca de cosas que quizá tengamos que conocer; hay quienes despiertan a las causas de malas y reiteradas relaciones vinculares, quienes lo hacen a sus verdaderos talentos e incluso a la realidad que está al otro lado de los miedos; están los que despiertan a sus múltiples posibilidades para hacer el camino que les place y los que recordaron que aquéllo que somos trasciende todos los sueños imaginados. Distintos despertares, diversos momentos, infinidad de eventos humanos.
Por lo general, el que se despierta sacude de la modorra al que va a su lado aún dormido. Así ocurre durante un viaje en tren cuando un pasajero que reposó en un sueño durante todo el trayecto, ni bien recupera el estado de vigilia toca el brazo de su compañero de asiento para despertarlo y avisarle que ya llegaron a destino, sin apelar a pancartas ni proselitismos; sólo toca el hombro de aquél que dormía también y la razón por la que no hará de ello un acto llamativo es simple, ya que cada quién tiene derecho a experimentar su vida del modo como vaya eligiendo cada proceso, pudiendo optar -finalmente- entre seguir por donde iba o cambiar de perspectiva.
La frase "destinados a despertar" suena casi a dictamen, a sentencia firme en el camino de la especie humana con miras a un punto de llegada común que no es otro que la pérdida del cuerpo físico y considerando que el trayecto -en ocasiones- no es tan largo ni prometedor, resultaría poco feliz suponer que cuánto vamos a vivir está guionado aún para el caso de que elijamos desvío o cambios de acciones. Sofoca la más ligera sospecha de tal condicionamiento excepto si intentamos hallar un principio de lógica a la posible programación que podría tener el humano entre el nacer y el morir. Una lógica basada en criterios de verdad filosófica, histórica, religiosa, científica y básicamente cultural, porque ya es bien aceptado que Cultura es todo el quehacer del humano. Uno puede comprar un folleto de viaje con la descripción del recorrido de un crucero por un mar pero a la vez, luego, hacerlo; resultando lo primero (el catálogo) una metáfora del programa de vida y el segundo, el recorrido de las ciudades a través del mar, una simbología de nuestro peregrinar en la vida. No basta con la promoción del viaje si queremos emprenderlo llevándolo a cabo como una realización concreta; una experiencia con todas sus emociones según cada viajero la perciba.
Nada ni nadie permanece dormido por siempre; ni las altas cumbres que dialogan con el cielo ni el magma que se desplaza sigiloso debajo de nuestros pies. Al mismo tiempo, todo sigue patrones geométricos en su crecimiento, desarrollo y expansión; tanto lo más pequeño como lo inconmensurable de ese Universo que seguimos viendo fuera de nosotros. ¿Por qué razón el humano sería la excepción y tendría una vida totalmente fuera de toda lógica en la que sólo siguiese un modelo biológico y en absoluto un patrón emocional, psicológico o experimental?
Destinados a despertar es mi modo de resumir lo que en el fondo, al fin y al cabo, entiendo como una invitación a reflexionar en todo aquéllo que puede resultar inspirador e incluso movilizador para nuestra mente condicionada; como el acto de tocar el hombro de un compañero de viaje para que salga de su sueño una vez que llegamos al final del recorrido de un largo viaje compartido.
Entre tanto, seguimos peregrinando juntos.
Graciela González

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viernes, 21 de agosto de 2015

Un poco locos...

PUNTOS EN COMÚN


-¿Cuántas veces te has encontrado hablando contigo? Mientras caminas, cuando viajas, en tanto preparas una cena, haciendo una fila para pagar una cuenta, en el hospital… ¡En tantos sitios!
-¿Cuántas veces esa osadía de parecer desdoblado te ha hecho pensar: -¡Estoy loco!?
A veces, decirte a ti mismo lo que sientes, lo que piensas, lo que dudas, es menos locura que la farsa de hacer creer a los demás que está todo bien.
Dirás…-“Para eso están los psicólogos, los terapeutas holísticos, los médicos y todo el conjunto de profesionales que para ello han estudiado.”
Te respondería:-Ellos hacen su trabajo y tú contigo… ¡Haz el tuyo! Tómate de tus riendas, conduce tu carro, mírate bien, asómate al balcón de tus sueños. No todo en la vida es con arnés, bastones o manos que te sostienen. Los profesionales te ayudarán siempre, pero poco podrán hacer si primero no te tienes. Y si te tienes… ¡Vaya poder!

Hay mañanas como estas, quizá tan mías como tuyas:

-¡Hola yo!, ¿Cómo has estado?
-Bastante desconcertada por cierto. Doy vueltas desde la mañana tratando de encontrar el tiempo que se me escurre entre los dedos.
-Habla conmigo. Dime qué ocurre.
-Quizá todo a la vez.
-Separemos por partes, quizá eso ayude.
-¿Separar? ¿Más cosas para separar?
-Seamos sinceras, tú estás acostumbrada a ello: primero esto, luego aquello y al final lo otro.
-La vida es de ese modo.
-La vida no. La administración de la vida, en todo caso, sí.
-Es cierto. De acuerdo entonces, separo por partes… ¡No puedo! Siento como si hubiese colocado en una caja de mudanzas muchas cosas mezcladas y ya me preocupa el traslado de todas ellas porque ni siquiera sabré por dónde empezar al desempacar.
-La imagen es apropiada. Estás confundida.
-¡Vaya mi querida otro Yo! ¡Poco me ayudas! Confundida no es más que una palabra que denota cosas mezcladas.
-¡Ay mi querida Yo! Confusión es la palabra que resume tu caja de mudanzas.
-¡Es cierto! Pero sigo notando que el tiempo se escurre entre mis dedos y no aquieto mi ansiedad.
-¿A qué se debe el apuro?
-Tengo muchas cosas que hacer, emociones que me visitan, deseos de descansar, papeles que acomodar, cosas que escribir… ¡Ya sabes! ¡La caja!
-Ahora está más claro. Todo está en un sitio al menos. Mezclado, entreverado, pero puesto en un solo lugar. Haz podido identificar algunas partes y al menos sabes que están todas juntas.
-Volvemos al comienzo entonces. No siento que algo se haya aclarado.
-¡Ha sucedido porque todo está en una caja de mudanzas! Ahora bien… ¿Qué mundo se acabaría si acaso te mudaras ciertamente y la caja cayera al vacío?
-Supongo que mi mundo.
-¿Qué mundo? Sólo el que has creado con todas esas partes. Si te deshaces de ellas sin que una catástrofe te acontezca, te mudarás de mundo porque el viejo, el nuevo y el de cada día está hecho de tus percepciones.
-Mi querida otro Yo, ¿crees que podré hacerlo?
-Mi divina Yo, ¡Lo estás haciendo! Hay algo en ti que ya no vibra con tanta ansiedad. Quizá encontremos en un rato, la razón por la que tanta gente –a veces- habla consigo.
Gran inspiración, luego suspiro y decisión… ¡En voz alta!: 
-¡Qué fantástica locura!; me haré un té, me sentaré al sol (aunque esté nublado) y seguiré disfrutando del gran hallazgo de esta mañana:
-No es tan malo tener conversaciones conmigo, considerando que soy parte de la Fuente como todos, resultando que la razón por la que tanta gente habla consigo es porque muchas veces descubren que la paz entre su ser espiritual y aquel que experimenta la vida, está en hallar –por sobre todo- los puntos en común.
Postdata de la reflexión: 
Esto es sin imagen. Esto es tú contigo. Si quieres una  foto para este escrito: elígela tú (tendrá que ver con tu mudanza).
Graciela González / Khristael 

 11 de abril de 2013  Re-editado 21/08/2015


jueves, 20 de agosto de 2015

Despacio...

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No te apresures...
Hoy podría ser lunes, tal vez domingo... No es lo más importante.
Anduve por las calles de Buenos Aires entre la tarde-noche de ayer, viajé en subte, metro, tren... Seguí andando durante la mañana-tarde de hoy y si tuviese que hacer una síntesis diría: -¡Cuán sola está la gente!; ¡Enormemente distanciada pese a la cercanía de los cuerpos físicos!; muchos muy nerviosos, demasiado alterados unos cuantos y la mayoría -aún caminando- conectados con auriculares que al parecer les garantiza estar separados del entorno.
Pocas cabezas mirando por encima de los celulares; piernas y pasos por las calles cruzando en las esquinas al más mínimo intercambio de luces; gente alborotada internamente dejando entrever su desconcierto en las miradas; expectativas en una agencia de viajes, comensales apurados mirando el reloj en cada sitio de comidas, vendedores invitando a la compra y lo más parecido a una red de pescadores si uniese con líneas imaginarias a la gente con los vehículos,con las decenas de palomas por allá y más acá, con las notas de las tapas de revistas y con cada enemigo invisible que en cierto modo es sólo la rutina.
Vivir es tomar consciencia de que no hay lugar de llegada si acaso cada experiencia pierde todo el sentido como oportunidad para lograr la reconexión con uno mismo que en tanto perdidos en el apuro se desvanece inevitablemente.
¡Qué linda aventura sería si los humanos nos volviésemos a mirar!, a saludar por las calles, a recuperar la sonrisa por el mero hecho de estar vivos, a silbar. a cantar mientras andamos entra la casa y el trabajo, entre los dolores y lo arrebatos de ira, entre los sueños por llegar a ser y lo concreto de estar simplemente siendo, mientras tanto.
A lo mejor la vida podría volverse más intensa, extensa y propensa a ser inexplicablemente feliz.
Peregrinando con ustedes:
Graciela González

lunes, 17 de agosto de 2015

El Libro de la Verdad.

Regla Número 8 
del Libro de la Verdad:



Graciela González / Khristael 
“La pureza del Universo sólo es comparable al alma de los niños. La armonía existirá en tanto se respeten las diferencias aceptándose como tales para mantener el equilibrio, aquí en la tierra como en el cosmos.
El Planeta se salvará gracias a los niños que entenderán que todo es Uno porque sólo ellos sabrán estar en comunión con Él.”
(Extraído del libro "Kuntur, el Ángel de la Montaña" de Graciela González / Khristael)


psiconumerosofia.blogspot.com 



jueves, 13 de agosto de 2015

Postergarse.

La mente y la postergación.


Graciela González / Khristael
               Todos los aprendizajes que asimilamos son la consecuencia de dos factores principales:
Uno, es el impacto que produce un hecho en nuestras vidas y que se graba en el subconsciente como archivo de memoria en una carpeta que podríamos llamar: asuntos imprevistos.
Otro, que es el principal maestro de nuestra vida condicionada, es el hábito. La costumbre de repetir un acto hasta que luego sucede sin que parezca siquiera ser pensado.
Si acaso nuestro programa de experiencia humana contiene como desafío vencer las limitaciones ante los obstáculos, pero por sobre todo, no postergar luego las decisiones hacia la acción; es probable que acumulemos cientos y miles de millones de bits de información lo suficientemente destructiva, como para justificar que antes de hacer lo importante para mí debo resolver lo necesario para otros.
Con miles de años de sometimiento del humano en manos del humano, nos hemos adaptado psicológicamente a muchas ideas que en nada se vinculan a seres en evolución sino quizá a voluntades domesticadas capaces de adoptar como creencia que la postergación es un karma sumiso al que seguir.
Cuando vamos dando vueltas en torno de un desafío personal, haciendo otras tareas que van quitando ese tiempo que luego faltará para poder realizarnos; estamos viviendo el síndrome de la postergación. Allí es cuando debemos detenernos y observarnos por completo: los gestos de las manos, las mandíbulas, la postura corporal, la sensación de todo el cuerpo.
Es posible que al hacerlo nos encontremos con alguien emocional o literalmente contracturado, porque se está comportando como una niña o niños internos, asustados y anticipados a una reprimenda si acaso osaran con hacer algo que les guste antes de cumplir con el servicio a otros.
Y así viene la conocida pérdida de tiempo útil para estudiar para un examen, para preparar una conferencia, para comenzar un cuadro, para experimentar con cualquier cosa que nos interese profundamente. Damos vueltas y vueltas con las falsas prioridades porque nos da miedo hacernos cargo de lo que podría significar ser uno mismo.
La postergación es un gurú que no se encuentra a miles de kilómetros sino en el centro de nuestra propia cotidianeidad.
Seguimos peregrinando en el intento de conocernos mejor,
Graciela González

Aquí tienes el audio de 3 minutos:






martes, 11 de agosto de 2015

Lecturas...

A veces te escucho...

En un encuentro, como de costumbre, ella intenta el inicio de un diálogo:
-Somos una pareja insólita.
 -¿Lo crees?, ¡A mí no me lo parece!
-Porque siempre estás distraído, mirando el reloj, revisando tu agenda, calculando fechas y pagos; dedicando muy poca atención a cuanto te digo.
-¡Eso no es cierto! Que estoy muy ocupado es innegable, pero de allí a tildarnos de “insólitos”… Creo que no alcanzo a comprenderte.
Ella sostenía su cara sobre su mano izquierda, flexionada sobre el antebrazo cuyo codo casi se introducía en la mesa del bar a consecuencia del tiempo que llevaba en la misma posición. El tomaba sorbos de café con su mano derecha, cuando cambiaba de mano -por unos segundos- el bolígrafo que usaba para seguir anotando cosas en su libreta. Ella miraba a través del ventanal escribiendo metáforas con su mente, acerca de las historias que imaginaba de los caminantes allí afuera. El anotaba posibles clientes, teléfonos para hacer llamados, bebía un poco más de café sin levantar la mirada. Ella había dejado su tarea en el hospital hacía una hora y él llevaba mucho tiempo sin dejar de hacer aquello.
A un año de conocerse, desde que un amigo en su post-operatorio los presentó (cuando él fue a visitarlo en tanto ella le hacía los estudios de rutina), la relación entre ellos tenía pocos momentos de intereses compartidos.
-¿Por qué quieres dedicarle tantas horas a tu trabajo?
Por un momento él la miró desconcertado, dejó lo que estaba haciendo apoyando una mano sobre otra encima de la agenda al tiempo de responder:
-Cuanto más dinero produzca, más pronto alcanzaré el bienestar que espero para los dos.
Con ternura, ella lo miró a los ojos, depositó sus propias manos sobre las de él palmeándolas suavemente. Luego recogió sus propias cosas, colgó su bolso sobre el hombro, apenas rozó los labios de él diciéndole:
-Cuando aquéllo en que nos convertimos nos convence de que eso somos y nos aleja de las personas que amamos, deberíamos volvernos a mirar. Quizá nos parezca estar pensando en el otro, cuando en el fondo todo lo estamos haciendo siempre por nosotros. Te dejo con tus números; me voy con mis metáforas y creo que ambos aprendimos mucho en este día, con una reflexión de apenas cinco minutos.
Graciela González
De “Todo el año contigo”




Posdata.

La mente y el tiempo.


POSDATA:

     
       
     Las expectativas nos llevan por delante a nosotros mismos.
Así, el tiempo que vamos creando para retardar la comprensión de nuestra limitada existencia atada a tantas creencias, se transforma en el conductor de nuestra libertad mental.
El miedo, en todas sus apariencias (soledad, abandono, desamor, muerte, enfermedad, dolor y los que podamos agregar) se transforma en el gran velo que nos tapa el sol.
Abandonar ciertos hábitos psicológicos que nos sumergen en el sufrimiento, puede resultar una experiencia reveladora si entre su descubrimiento y la eliminación de tal conducta deja de introducirse el tiempo postergándolos.
Los cambios reales de nosotros mismos no serán mañana, porque sólo pueden ser hoy.
Peregrinando en el intento,
Graciela González