sábado, 8 de noviembre de 2014

DESTINO

¡Amores!

Vivimos a cada momento una experiencia que va indicando el trayecto de un viaje que estamos realizando.
Según el sitio desde donde lo observemos, podríamos establecer un acuerdo con nosotros mismos, respecto de si es algo del presente o una mera repetición del pasado.
Al vivir planificando un futuro posible percibimos la noción del deseo de un destino, que es algo así como la última estación de cualquier travesía sin que por ello llegue a convertirse en un evento capaz de limitar o condicionar, ya que como humanos somos conocedores de los puntos finales -de modo consciente- desde la infancia.
La comprensión de nuestras tendencias en materia de conductas nos ayuda a resolver la selección de aquéllo que irá conformando el equipaje de aquí en más.
Con Amor,
Graciela Khristael


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jueves, 30 de octubre de 2014

¿De qué me serviría?

Adornos.

He buscado su significado, he hurgado en mis propios pareceres concluyendo, en definitiva, que los adornos son aquellas cosas que decoran, que embellecen; ornamentos que incrementan el placer de observar o percibir la cosa adornada... etc. Todos los usamos en menor o mayor medida.
Lo oportuno es que se ponen y se sacan; lo atinado es no perpetuarlos excepto que hayan dejado de ser algo superfluo habiéndose convertido en parte de la identidad, como un tatuaje o la rúbrica de una firma y en ese caso vamos por otro sendero que no es el de este análisis de hoy.
En el uso personal, en las paredes de una fiesta, en los rituales de velorios, en las graduaciones, en fiestas o despedidas allí están: se sacan y se ponen...
Aún en la tristeza que pueda producir el hecho de reconocer que sólo han sido un decorado, el ser se nutre de la certeza de que siempre habrá una ocasión para cualquiera de ellos.
Pero hay otro decorado apetitoso, sumamente tentador para adornar al ego, especialmente  si se posee un alma cuya vocación se orienta a la búsqueda de un fuerte protagonismo consistente en los ornamentos para la apariencia espiritual, cognitiva, psicológica, intelectual o como prefieran; con una clara finalidad que no es otra que conquistar voluntades de cualquier tipo, dentro del amplio espectro que va desde el simple seguidor hasta los sustentadores económicos.  Esa suerte de fiesta escénica es similar a cualquiera de las que antes he citado: efímera.  A diferencia de los adornos de ocasión, éstos serán máscaras que -con el devenir- no podrán sacarse una vez que se hayan encarnado como parte de la piel.
La humanidad está inmersa en este espectáculo.
Pero lo dicho, nada tiene que ver con una crítica lanzada al viento como semillas que podrían brotar en cualquier suelo, sino con una profunda reflexión realizada a partir de mi propia búsqueda del sentido de la vida, de la responsabilidad de nuestra presencia planetaria, de las posibles memorias compartidas y del camino literal que recorro cada día. Hay pasos que llevan al cuerpo hacia un sitio físico así como otros que conducidos por la inspiración, la capacidad imaginativa, la percepción o esa esporádica observación atenta; nos llevan sin más hacia un vórtice en alguna parte del interior de ese cuerpo que entonces se despoja de las razones del ego.
Aprovecho cada circunstancia de la vida que me acontece para detenerme allí a fin de explorar en mí y he aprendido que de no haber vivido experiencias dolorosas, de no haber fracasado una y otra vez, de no haberme levantado tantas veces del mismo modo; de no reconocerme ignorante de tantas cosas aún, de no experimentar síntomas físicos que por ligeros que resulten me revelan el punto de locación de un ego que se resiste a los cambios sin descartar las distancia que falta recorrer para ser Maestra de mí misma; porque es simple: no se puede dar lo que no se tiene. Por sencillo y repetido que esto resulte, es de incalculable valor procesarlo íntimamente ya que cuando somos discípulos imperfectos de nuestro Maestro interior (con cualquier nombre que se le otorgue), la incoherencia surgirá de entre las sombras y el colapso tendrá como espectador al único doble posible que no es otro que nuestra consciencia.
Cuando duele algo en el cuerpo, hay un proceso que no se puede fingir o eludir.
Cuando un miedo se reinstala, negarlo externamente es fortalecerlo en el fondo de nosotros.
Cuando observamos la coordenada en la que estamos y decimos: -¡Sigo en el mismo lugar! es porque estamos esclavizados por el tiempo que implacable toca a la puerta de los recuerdos y nos desvía del verdadero presente. No estamos en el mismo lugar sino en el mismo pensamiento.
Cuando no podemos con nosotros aún por un instante breve, es cuando podemos ser receptores de una gran Verdad: estamos andando.
La interacción humana, el intercambio de conocimientos, la divulgación de experiencias, la tecnología de este siglo y toda nuestra manifestación externa llamada más sencillamente comunicación, es el Arte humano en acción para contribuir con un contacto directo más claro y veloz del Yo con el Yo (como digo vulgarmente) sin pretender ahondar en los conceptos sino intentando simplificar la idea de que si no logro estar bien conmigo, obtener respuestas a mis preguntas tanto como trascender el muro del "tú no puedes"; los adornos, eso que equipa y provee de detalles...-¿De qué me servirían?
Seguiremos analizando...
Con Amor,
Graciela Khristael

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¡Permite!

¡Amores!
Si la Vida acontece en nosotros, ciertamente a consciencia y con la responsabilidad que representa vivirla de tal modo; el Amor -esa energía que Einstein reconoció a través de sus cartas a su hija, como la más grande del Universo- será el líder de tus actos sin que necesites mayor intermediario.
Entonces, sólo entonces, tras haber discernido gracias a la percepción perfecta que todo ello nos ofrece, reconoceremos la Paz interna que tan lejos del centro del pecho se encuentra por lo general, a consecuencia de nuestros egos dominantes.
Cuando la sincera, profunda, honesta y evidente Paz nos abarque, será nuestra propia presencia la que ponga armonía alrededor. Hasta entonces, una mente serena irá poco a poco aquietando los pensamientos de tal modo que las resistencias o barreras que nos creamos a diario abandonen su práctica.
Desde luego, lo siguiente será similar al encendido de una lámpara en medio de la noche: podremos ver lo que parecía inexistente.
Seguiremos como cada día reflexionando.
Con Amor,
Graciela Oasis del Alma. Khristael

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Una hora para despertar de un conflicto.

UNA HORA ALCANZA PARA DESPERTAR DE UN CONFLICTO.

CONSULTAS:
TEMAS:

-Parejas, el Amor, las Relaciones Familiares.
-Análisis y duración de las etapas que atraviesa.
-Viajes, proyectos.
-Causas de la repetición de fracasos.
-Orientación vocacional (tendencia de talentos).

ABORDAJE:

-Primera entrevista una hora y se sugieren al menos 3 encuentros sucesivos.
(PNS) Números, Grafología, Flores de Bach, Tarot Junguiano, Ho'oponopono y ley del Tiempo.

TURNOS:
Lun a Vie 9 a 19 hs; Sáb de 10 a 14 hs.
Móvil 11 6004 7465 (Buenos Aires)
Graciela.

"La mayor urgencia eres tú" - Oasis del Alma. Khristael
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Afuera, adentro, lejos y tan cerca.

Abraza la Luna.

En uno de los Talleres de Fuente Perfecta, en esos con aroma a pan casero y la energía de las personas que asistían con la alegría y la avidez de los niños ante experiencias por descubrir; un domingo de primavera del año 2011, deslicé una pregunta:
-¿A qué distancia se encuentra la Luna?
Las respuestas desde luego fueron variadas sin descartar las divertidas, las gestuales indicando "no tengo idea" y las que arriesgaban cifras.
Finalmente la pregunta se volvió hacia mí dándome la oportunidad de exponer la cuestión de aquél domingo por la mañana.
-La he calculado aproximadamente a unos 40 metros desde donde estamos -fue mi respuesta-.
Risas, miradas encontradas, desconciertos, hasta que alguien por allí replicó:
-¡Eso no es cierto! La Luna está a una distancia que lleva mucho tiempo alcanzarla y a gran velocidad.
-¿Lo percibes de ese modo o lo has verificado?
-No es necesario. Otros lo han hecho, existen constancias astronómicas, historia, experiencias humanas de haber llegado hasta allí e incluso si utilizamos un telescopio pequeño podemos darnos cuenta de que no está a 40 metros.
-Eso no cambia mi percepción. Lo único que lo intenta constantemente es la información que recibo desde afuera -como la tuya en este instante- así como las veces que busco respuestas en mis archivos de datos acumulados a lo largo de mi existencia. Por las noches, en esas en que la Luna entera o de a cuartos aparece sobre la porción de cielo que simula una suerte de techo en el parque de  mi casa; las ramas del árbol del Paraíso que no dejan de crecer, me dan la sensación de que intercambian lugares con la selena imágen. En ese punto exacto puedo estimar la altura de nuestro satélite que no está más allá de un metro de la copa del árbol en cuestión. De allí, la estimación de los 40 metros.  Del mismo modo, puedo aseverar que algo se mueve allí afuera o dentro mío, porque si la comparo con edificios, con publicidades en las rutas incluso con otros árboles; varía mi percepción.
-¡Entonces hablabas de tu percepción y no de la realidad!
-¿Existe otra realidad más allá de mis conclusiones perceptivas? Según creo, mi "traje" (el cuerpo físico) viene provisto de millones y millones de sensores que funcionan con mágico equilibrio cual perfecta maquinaria, llevando al cerebro la información que recoge. Tal vez esté funcionando mal o quizá los datos que recoge no coinciden con los de la memoria que todos compartimos desde el inicio de la existencia como tal. En todo caso, eso no importaría mucho si no fuese porque en el aparente "afuera de mí" hay quienes perciben diferentes cosas de lo mismo que observamos.
Alguien entonces agregó:
-Es que somos individuos diferentes, con distintas historias familiares, experiencias de vida, educación, religión o creencias y todo eso.¡Claro que no vemos las cosas de la misma manera!
-¡Ese es el punto! Separarnos por gustos, conocimientos, creencias y todo lo demás.
El planteo seguía sumando inquietudes:
-¿Y no es eso lo correcto como humanos?, ¿No está la riqueza en una diversidad de experiencias?
Como los Talleres eran compartidos con vista hacia la Naturaleza, unas veces en un living con ventana a un jardín y otras debajo de los árboles; respondí:
-La variedad de experiencias se puede comparar a un jardín con incontables plantas de flores de múltiples colores y aromas. El único inconveniente entre los humanos es que no compartimos el jardín sino que que nuestra impronta es que buscamos imponer nuestra imagen, nuestro color y nuestro perfume. Hemos distorsionado lo diversamente bello del Amor para convertirlo en lo limitadamente destructivo de la ceguera interior. El dato de la distancia o cercanía de la Luna, si acaso esfera y medida existen, es sólo un simbolismo para ensayar la repercusión del ego al ser puesto en jaque por algo que parece provenir del exterior y en realidad es una jugada -tan familiar a las emociones que archivamos- que mueven el punto de equilibrio interno al abismo de la desarmonia total, hasta darnos cuenta de que no estamos en paz. Podemos verificar el grado de fragilidad con que vivimos cada momento, sin la suficiente armonía. Como esto el humano lo conoce y no quiere saborear el displacer, tiende a delegar tareas que nadie puede hacer por él. El ejemplo de la Luna es para que nos preguntemos:
-¿Preferimos que otros observen por nosotros?, ¿Somos de conformarnos con la experiencia que nos cuentan?, ¿Es más apropiado conocer para coincidir o es más creativo indagar para descubrir?, ¿Estamos dispuestos a realizar el esfuerzo de aceptar que podríamos estar equivocados respecto de tantas cosas?
Alguien por allí agregó:
-¿Qué cambiaría en el mundo si por ejemplo algunos de nosotros hiciésemos el esfuerzo de hacernos y respondernos esas preguntas?
-Nada.
-¿?
-Afuera es el futuro de adentro; lo lejano es el pasado de la percepción de hoy y el único universo que debe ser cambiado es el modo que tenemos de pensar la Vida.
Seguiremos analizando...

Con Amor,Graciela Khristael.

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Sin pensar tal vez no exista.

Y vamos con el pensamiento...

La investigación racional a través del pensamiento, acerca de si existimos en esta realidad que creemos cierta, llevó a René Descartes a la conclusión de "pienso ergo sum" (pienso, por lo tanto existo).
Esto implica que es el pensamiento quien facilita el camino de la investigación de la razón -si acaso pudiese resumirse en pocas palabras esta idea- resultando que aún la observación o fase empírica estaría atravesada también por el pensamiento. 
Quizá en este aspecto subyace la incógnita mayor que es: -Si somos capaces de pensar acerca de las cosas y por sobre todo de la causa así como del propósito de nuestra existencia, por qué al estar en presencia de un conflicto (mental, espiritual, físico o cualesquiera) aún si encontramos una solución, vamos por uno nuevo (porque lo insólito es que los creamos de manera constante).
El pensamiento opera de manera contínua en busca de los datos necesarios en la memoria, capaces de proveer de satisfacción a los deseos de cuanto surge momento a momento; incluidos los que refieren a las emociones que también han sido archivadas.
Esto quiere decir que todos nuestros actos de apariencia racional están realizados en base a una especie de biblioteca personal de archivos informativos (como una "jurisprudencia psicológica" reunida a través del tiempo) por lo que a cada estímulo externo emergería una acción (una suerte de sentencia psicológica).
Sin embargo, los estímulos que impulsan a las diferentes conductas ya están en nuestras memorias.
Están allí desde el inicio de los tiempos.
Lo que para unos es un acontecer ajeno a sí, para el otro es el resultado de sus deseos puestos en acción.
Así, una memoria de violencia, necesita de un hecho externo que justifique su conducta ante él. Es como una enfermedad que requiere del medio propicio para manifestarse a través de un síntoma, que es sólo la síntesis de cuanto sucede en el interior del ser. Algo así como "denme un motivo y podré liberar lo que está atrapado en mí."
Así es como podemos llegar a un evento interesante, ya que aquéllo apresado puede ser una energía poderosa como es la acumulación de pensamientos en una dirección o bien una energía infinita y desprovista de pensamientos que pugna por expresarse en cada uno de nosotros.
-¿Existe tal cosa?
De ser así, ¿Habría un modo de saberlo?
-No se trata de conocer.
-¿De qué podría tratarse?

Seguiremos analizando...
Con Amor,Graciela Khristael    

Nota: Repasar en los actos cotidianos. Verificar cuántas de las cosas que pensamos o hacemos son perfectas y correctas para nosotros mismos. Todo lo que resulta de nuestros actos modifica inexorablemente el contexto que nos tiene de participantes. -¿Por qué querríamos ser modificadores constantes?

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miércoles, 22 de octubre de 2014

Tiempo Perdido.

Acerca de Perder el Tiempo.


-¿El Tiempo se pierde?
-Quizá si se lo considera tal y como un objeto material, podría caber la posibilidad de extraviarlo. Si en cambio se compara a una energía cuya duración es efímera, podría recrearse la posibilidad de malgastarla si se invierte en algo tan efímero como el tiempo mismo.
-¿Acaso el ocio no es tiempo perdido?
-El ocio no. La distracción sí.
-¿Cuál es la diferencia entre uno y otro concepto?
-Sin intentar comparaciones etimológicas, semánticas o de corte netamente intelectual, el análisis se puede simplificar del siguiente modo: el ocio es la producción de la nada y la distracción es la creación del todo.
-¡Entonces el ocio es tiempo perdido!
-La distracción en ese estado de análisis lo es. La nada es el vacío que se necesita para separarse del yo que controla todos nuestros actos; la distracción conjuga la totalidad de posibles pensamientos y eso es parte de nuestra prisión mental.
-¿El ocio es entonces una posibilidad creativa?
-No. El ocio es ocio. Si le adjudican acciones ya no lo es.
-¿Por qué se prefiere siempre la distracción a la serena reflexión?
-Porque estamos equipados para procesar datos capaces de conectarnos con lo que suponemos será la satisfacción de nuestros momentos placenteros. La serenidad en todo el sentido de la expresión, conlleva paz. Esa frecuencia no atrae el conflicto pero no estamos acostumbrados a vivir en la calma. Por eso, los momentos de ocio transitados sin intenciones previas, contribuyen a los estados de equilibrio de la mente. Acto este último, contrario a los objetivos del cerebro; cuya actividad esencial es la de facilitar velozmente, conexión entre todos los datos que en nuestra memoria resume distracción como sinónimo de satisfacción a los deseos.
-¿Se puede salir del círculo vicioso de la distracción?
-Sí. Es parte de la decisión; líder pacífica del cambio interior.
Seguiremos analizando…
Con Amor,
Graciela Khristael.